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Enero 2009
GRAFICA | RADIO | INTERNET | TV
GRÁFICA

Por Verónica Dema y Gustavo Barco
De la Redacción de lanacion.com
vdema@lanacion.com.ar
gbarco@lanacion.com.ar

Tribus alimentarias

Nadie les puso el rótulo ni aparecen en los medios, pero existen. Con la premisa de alimentarse sano siguen estrictas dietas naturales. Con matices, esto es lo que los vincula y agrupa, y, a su vez, los aleja y diferencia de otros grupos que no se alimentan como ellos. Otro ítem en común: rechazan las carnes rojas.

Todos se definen como vegetarianos o semivegetarianos, pero tienen diferencias que los convierten en macrobióticos (vegetariano estricto), ultrametabólicos (no ingieren alimentos con aditivos químicos), vegan, (comen sólo vegetales, ni siquiera miel, pues deriva de abejas) frutarianos (frutas, nueces y semillas), licuarianos (licuados, sopas y jugos), crudistas (todo crudo) lactoovovegetarianos (vegetales, huevos y lácteos) y lactovegetarianos (vegetales y lácteos).

Tal vez, estén gestándose otras tribus alimentarias; ni los expertos en nutrición lo saben. Sólo tienen una certeza, cada vez son más, sobre todo en el verano, los que se acercan a diseñar una dieta restrictiva.

Para dar real dimensión de los riesgos de acotar la dieta, una de las nutricionistas consultadas, Mónica Katz, graficó: "En el caso de los animales, las especies que restringen su alimentación están en peligro de extinción".

Enfermedades como bulimia y anorexia son los trastornos más comunes derivados de estas formas de alimentación extrema.

Militar en algunos de estos grupos tiene sus consecuencias también en lo social. Pertenecer implica no sólo respetar la forma de alimentación sino conjugar un estilo de vida que muchas veces choca con las prácticas sociales más comunes; quizá el más típico es el asado de los domingos.

Para evitar las miradas, los comentarios por lo bajo, los prejuicios, las burlas, es que muchos de ellos comienzan a aislarse y, como en toda tribu, a buscarse entre iguales. Allí se sienten cómodos y pueden comer sin culpa y respetar y hacer respetar los mandatos de su filosofía de vida.

Trastornos intergeneracionales. Tamara bajó 18 kilos en pocos meses. Su familia la internó en Aluba (Asociación de Lucha contra la Bulimia y Anorexia); le diagnosticaron anorexia. Allí aprendió a reconocer los síntomas de los trastornos alimentarios y descubrió que su madre, Vanesa, también tenía problemas.

Fue así que después de insistirle para que consultara con un especialista de Aluba, su madre accedió. Hoy Vanesa lucha contra su bulimia.

Según los expertos, ya es cada vez más común que sean los hijos los que descubren señales de anomalías en la alimentación de sus padres. Explican que este fenómeno se debe a una combinación de cuestiones genéticas, culturales y sociales. La mayor información que le llega a la juventud advirtiendo sobre estos temas favorece la detección de estos problemas, que no respetan generaciones.


RADIO

Programa: La Cornisa - 1era Edición

Tema: Ortorexia

Entrevistada: Dra. Mabel Bello (Fundadora de ALUBA)

Contenido : "Esto es grave". "Son personas que les cuesta mucho el contacto". "Generalmente es de personas más adultas". "Pierden enorme calidad de vida". "Expresan en esa rigidez miedo a la realidad". "Tratamos la inmadurez y la dificultad de comunicación". "Las tratamos como a las anoréxicas y bulímicas". "Estamos enseñándoles a establecer su futuro". "A veces estas personas son fóbicas u obsesivos compulsivos que abarcan otras conductas". "Son personas que tienen rigidez en sus pautas porque son perfeccionistas". "Tratamos de dotarlos de flexibilidad a que pruebe la vida de otra manera". "Generalmente hay detrás una patología de base".
INTERNET


En Tucumán la mitad de las bulimicas o anorexicas no pueden curarse debido al costo del tratamiento

Así lo aseguró Andrea Ferreyra, subdelegada de ALUBA, Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia. También destacó que 10 de cada 12 casos son mujeres. El 80% son adolescentes. Asimismo, remarcó que el tratamiento de estas patologías debe ser familiar porque cuando una persona está enferma, debe cambiar todo su entorno para curarse. El 80% de los pacientes se recuperan y el 20% restante es crónico, por lo cual deberá seguir con el tratamiento de manera indefinida.

Según el tipo y la gravedad de la patología, los precios varían entre $ 250 y $ 700 mensuales. El tratamiento más corto dura 4 años.

Andrea Ferreyra, es la subdelegada de Tucumán de ALUBA, Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia. En diálogo con TucumánHoy.com explicó que esta asociación sin fines de lucro existe en varias provincias de Argentina. "Nació en Buenos Aires, a partir de una iniciativa de la Dra. Mabel Bello, hace 23 años, y se financia con los abonos de los pacientes", remarcó.

La subdelegada subrayó que antes la asociación tenía mayor presencia, al encontrarse en Santa Fe, Mendoza y otras provincias, pero, por falta de recursos, tiende a desaparecer. En el noroeste, Tucumán es en la única en la que se instaló.

También sostuvo que en esta época de crisis económica, se hace difícil sostener una institución como esta, sobre todo si no se cuenta en el apoyo económico estatal. "Durante el año 2008, el Estado Provincial apoyó a la asociación con solo $ 15.000", amplió.

En las instalaciones de ALUBA se brinda solamente tratamiento ambulatorio. Según la gravedad de la patología, los pacientes pueden llegar a pasar gran parte del día dentro de la institución. “Algunos entran a las ocho de la mañana y salen a las cinco de la tarde. Otros, que ya tienen un tratamiento más avanzado, deben asistir por menos tiempo”, explicó la subdelegada. Los tratamientos duran, como mínimo, cuatro años para que el paciente sea dado de alta.

Además informó que la provincia de Tucumán no presenta características diferentes a las del resto del país en cuanto a la prevalencia de alguna enfermedad. “En Tucumán se observan igual proporción de casos de bulimia y de anorexia, al igual que en toda Argentina”, comentó Ferreyra.

Por otra parte, también aclaró que en la actualidad se están atendiendo pacientes de entre 5 y 52 años, aunque la mayor cantidad de pacientes son adolescentes de entre 13 y 25 años.

Igualmente, informó que entre los adolescentes con algún tipo de trastorno alimentario, la abrumadora mayoría son mujeres. “Cada 10 chicas, hay 2 varones”, resumió.

Andrea Ferreyra también se refirió al amplio espectro de factores que influyen en la provocación de estas enfermedades, pero todos se identifican en su raíz eminentemente psicológica. “Tienen que ver los estímulos sociales, como la presión de los jóvenes para bajar de talle, las relaciones familiares, la pérdida o el nacimiento de un hermanito para los niños, la pelea con una pareja, e infinidad de causas más”, sostuvo.

En cuanto a la cantidad de casos que recibe ALUBA mensualmente, la subdelegada manifestó que “normalmente, acceden 10 casos por mes, pero otros 10 casos no pueden ser tratados porque carecen de los recursos económicos suficientes o no tienen obra social”.

La efectividad del tratamiento en muchos casos corre peligro porque la familia del enfermo no colabora. “Cuando una persona está enferma, todo su entorno debe ser modificado, por eso es fundamental el tratamiento a todo el grupo familiar. Acá no hacemos tratamientos individuales”, insistió Ferreyra.

Para finalizar, contó que “todos los tratamientos de ALUBA son interdisciplinarios. “El equipo se compone de psiquiatras, psicólogos y médicos que asisten a toda la familia”, recordó.

Juan Villarrubia



En los hombres también existe

Anorexia, bulimia y vigorexia masculina

por Dolores Sosa, Magalí Sztejn

Es un fenómeno tradicionalmente asociado a las mujeres. Sin embargo, la obsesión por el cuerpo también abarca a los varones. ¿Cuál es la diferencia entre los tres trastornos? ¿Cómo se manifiesta? ¿Qué pasos seguir para curarse? Opina una nutricionista, el coordinador general de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba) y un anoréxico en recuperación

El menú de hoy: una galletita por la mañana con un sorbo de café; medio tomate al mediodía y después tirar hasta la noche. En la cena, como siempre, el plato será sopa. Abro la heladera y miro toda la comida. Se me cierra el estómago. Empujo la puerta con furia, con desgano. Me asqueo. Me enfrento al espejo, que me devuelve una imagen que no consigo cambiar. Cómo moverme con este cuerpo que no soporto, que intento cubrir con camisas holgadas y pantalones anchos. Veo a otros tipos en la calle felices con su imagen; y yo voy del trabajo a mi casa, siendo un hombre triste e insatisfecho.

Son muchos los que diariamente podrían repetir ese diálogo interno, la Argentina es el segundo país del mundo en casos de trastornos por alimentación. Si bien la patología repercute especialmente en las mujeres, se estima que cada diez casos femeninos, hay dos en hombres. Los hombres también pueden sufrir anorexia.

La presión sobre la estética no discrimina género. “El paciente no tiene anorexia con la comida, tiene anorexia con la vida”, señala Ricardo de León, coordinador general de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba). “De la misma manera que cada vez va restringiendo más la comida, también evita situaciones de exposición porque no quiere que lo vean, se compara con los demás y tiene muy baja autoestima”, agrega.

Aunque la enfermedad se exprese con la comida, hay un conflicto afectivo que subyace: intervienen los factores socioculturales y la estructura de base de personalidad. El coordinador de Aluba explica que los hombres que sufren anorexia tienen una estructura de tipo dependiente: suelen ser autoexigentes y más estructurados para su restricción alimentaria.

“Las personas con anorexia tienen rituales de comida”, asegura la nutricionista María de las Mercedes Gabín de Sardoy. Y puntualiza: “Suelen esconder los alimentos, los escupen para no tragarlos, los cortan en porciones muy pequeñas para tratar de comer menos o abundan en excusas”. Por el contrario, el paciente que tiene bulimia tiende a ser más impulsivo, lo que deriva en atracones de comida y en no poder llevar un control tan estricto de su peso.

Cada cosa en su lugar

Los trastornos alimentarios generalmente aparecen por la forma de percibir el propio físico. Anorexia, bulimia y vigorexia pueden presentar síntomas similares, pero hay criterios diagnósticos para diferenciarlos.

La bulimia se caracteriza por atracones, seguidos de vómitos provocados. También se suele recurrir al uso de laxantes y diuréticos para que la comida no llegue a incorporarse al cuerpo.

En la anorexia suele disminuir la ingesta de alimentos, lo cual conduce a una fuerte reducción del peso, seguida de una negación del riesgo que esto implica.

La vigorexia se define principalmente por una necesidad de realizar ejercicio físico en exceso. Puede ir acompañada por el uso de anabólicos. El gimnasio funciona como uno de los espacios en que se juntan aquellas personas que acuden con fanatismo para perder kilos y lograr un desarrollo muscular que no resulta acorde a su contextura física. Entre pesas, cintas y bicicletas fijas, los vigoréxicos gastan sus horas en busca de un cuerpo escultural. Y en esos ámbitos también, circulan las dietas mágicas y los consejos más innovadores para perder peso de manera veloz.

La bulimia es la más frecuente entre los jóvenes. la nutricionista María Gabín de Sardoy asegura que también es la más destructiva: “Tiene un método de purga que se traduce en vómitos, toma de laxantes, abuso de ejercicio físico, enemas o ayunos”. Algunas de las consecuencias que trae aparejadas son las variaciones bruscas de peso, la pérdida de cabello o la depresión constante. Según explica, los trastornos de alimentación suelen darse en personas que sufren de problemas psicológicos de fondo y los parámetros estéticos suelen ser disparadores de patologías ya existentes.

Cultura Pacman

-¿Cómo empezó la enfermedad?- preguntó Opinión Sur Joven a Facundo Tello, quien hace un año está en tratamiento por anorexia en Aluba.

-Con la comida: dejando la mitad del plato en una cena. Después reduje los almuerzos y las ingestas. Vivía a yogurt. Me encerraba en mí mismo, había perdido a mis amigos. Solamente mantenía el trabajo. Los días de franco me la pasaba triste o deprimido, durmiendo o mirando televisión.

-¿Qué fue lo que te llevó a aislarte de esa manera?

-Todavía estoy buscando las causas. Mis amigos no se daban cuenta de lo que me pasaba. Internamente estaba mal, pero hacia afuera decía que estaba bien

Facundo reconoce que le cayó la ficha recién a los dos meses. Su mamá fue la primera en darse cuenta de que no estaba bien cuando tuvo un bajón de peso. Casos como éste se repiten en todas partes del mundo y cada vez son más los hombres que se animan a contar su experiencia.

Cristian Iglesias, el cantante de la banda Jóvenes Pordioseros, el año pasado reconoció haber atravesado trastornos de alimentación: “¡Yo las tengo todas! Tuve un problema anoréxico hace poco. Hubo que suspender un recital en Monte Hermoso porque me quedé arriba del escenario. Las tengo todas... ¡anoréxico y vicioso! Por suerte las cachetadas de mis amigos me rescataron”, comentó a un diario mendocino. También varios se animaron a relatar sus “enganches” (así llaman cuando la comida se convierte en eje de un conflicto) en la blogósfera.

Una vez reconocido el síntoma y asumida la enfermedad, comienza otra etapa: la del tratamiento, que varía según el especialista al cual el paciente se acerque. En Aluba se trabaja a través de grupos de autoayuda. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece un período de cuatro años sin contacto con el objeto adictivo para considerar curada una adicción.

Pero la particularidad de este tipo de trastornos es que el objeto (de deseo o rechazo, según el caso) está siempre presente por tratarse de una necesidad básica. Entonces, la búsqueda está puesta en que los pacientes puedan volver a establecer una relación sana con la comida. “Es una enfermedad vinculadas a una dificultad en la comunicación –asegura De León- Habitamos en la cultura del pacman, donde devorás o sos devorado. Y no todos tienen las defensas suficientes para soportar este tipo de presiones”.

Por su parte, la nutricionista María Gabín de Sardoy destaca que todo tratamiento para la anorexia tiene que ser multidisciplinario y que se debe trabajar junto a psicólogos para reestablecer el estado nutricional de un paciente. “Quienes sufren anorexia tienen una idea equivocada de los alimentos. Entonces hay que re-educarlos para que no sientan que hay alimentos buenos o malos”, agrega. Ella explica que la dieta para reconstituir el vínculo del paciente con la comida debe realizarse en forma progresiva: “Un adolescente necesita 2500 calorías diarias. Pero para evitar el rechazo físico a la comida, se debe graduar la cantidad de calorías e ir aumentándolas de a poco para que el organismo vuelva a acostumbrarse a comer”.

Desde adentro

Comprometido con su circunstancia y con el claro objetivo de encontrar la salida, Facundo escucha, reflexiona y responde:

-¿Te costó contar lo que te pasaba?
-Me costó pero entendí que no era nada para ocultar. Todos mis amigos lo saben. De ahí a que me entiendan es otra cosa.

-¿Qué aprendiste en este tiempo?
-Hoy por hoy me importa lo que me pasa a mí. Primero estoy yo. Antes siempre ponía primero a los demás.

-¿Qué consejo le darías a alguien que sufre anorexia?
Básicamente que lo hablen con gente de confianza y que pidan ayuda.

-¿Cómo es hoy tu relación con la comida?
-Lo asumo como un nexo con las personas, que me sirve para compartir cosas. Siempre está la comida de por medio.

-¿También lo podés disfrutar?
-Hay días que no tanto, pero hoy tengo otras herramientas: por ejemplo, ahora puedo hablarlo. Antes cuando me “enganchaba” elegía tirarla, esconderla en la heladera o saltear la ingesta. Las presiones están presentes todo el tiempo, el tema es qué hacés con eso.

Reconocer, pedir ayuda, escuchar, buscar soluciones. De eso se trata; y de no quedar envuelto en una situación indeseada; de saber que se pueden construir vínculos sólidos y encontrar herramientas eficaces. Porque así como la anorexia masculina existe, también se puede (y se debe) salir de ella.


TV


Programa: Telefe Noticias

Tema: El peligro de las anfetaminas

Entrevistada: Dra. Mabel Bello (Consultora Médica- ALUBA)

"Existe la preescripción de médicos sin escrúpulos que mezclan anfetaminas con diuréticos".

Testimonio: Vanesa (Paciente de ALUBA): "Me vendían las anfetaminas sin receta".

Declaraciones de Ricardo León (Psicólogo coordinador de ALUBA).



Programa: Telenueve - 1ra. Edición

Tema: Anfetaminas mortales

La trampa de las pastillas para bajar de peso. La Argentina está entre los países de mayor consumo.

Entrevistado:Lic. Marcelo Bregua, coordinador general ALUBA


Programa: Telenueve al Amanecer

Tema: Anfetaminas mortales

Testimonio: Alejandra- Consumidora de anfetaminas: “A la mañana tomaba solo un café con leche. Después cualquier pastilla. Cuando se acababan, hacíamos ayuno”. Las anfetaminas están prohibidas por el ANMAT.

Testimonio: Lic. Marcelo Bregua (psicólogo de ALUBA): “Nos olvidamos que mujeres jóvenes pueden ser víctimas de esto”.