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Tratamientos por obesidad, bulimia y anorexia no son cubiertos por prepagas Son trastornos de la alimentación que aún no tienen cobertura. Cada vez es mayor la cantidad de personas que las padecen. Y aunque suene incomprensible, quizá sea justamente ésa la explicación de por qué los sistemas de salud de obras sociales y prepagas no cubren el costo de sus tratamientos. Se trata de la obesidad, la anorexia y la bulimia, tres graves y, al mismo tiempo, comunes trastornos de la conducta alimentaria, totalmente ignorados por el Programa Médico Obligatorio. Si bien desde 1979 la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como una enfermedad crónica, los proyectos de ley que impulsan su cobertura total terminan dormidos en los cajones del Congreso. Lo mismo ocurre con la anorexia y la bulimia, a pesar de que la Argentina ocupa el segundo lugar en el ranking mundial de países con mayor índice de estas enfermedades que afectan principalmente a adolescentes mujeres. "Según nuestros relevamientos en escuelas secundarias, uno de cada diez adolescentes tiene alguna de estas patologías", explica la médica Mabel Bello, fundadora y presidenta honoraria de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA). Y ante la magnitud de estas enfermedades asegura: "Hay muchos intereses de las empresas de salud". El director del Centro de Nutrición y Endocrinología (CENE), Jorge Braguinsky, coincide pero va más allá. "Se estima que hay 8,5 millones de obesos adultos en el país, por lo cual no hay sistema de salud, ni público ni privado, que aguante. Sin embargo aclara, se termina gastando más al tener que atender a los obesos por cuadros de diabetes, infartos, colesterol o hipertensión. Lo mejor es encarar una política de salud centrada en la prevención a largo plazo". LOS COSTOS Para las prepagas, la principal preocupación son los costos de estos tratamientos prolongados. "Me parece bien que estas patologías se sumen al PMO, pero cuanta más cobertura nos exigen más costos tenemos que asumir, por lo que debemos trasladarlo a las cuotas para costearlo" afirma Néstor Gallardo, de la Asociación de Entidades de Medicina Privada (ADEMP), y agrega: "Estoy de acuerdo con dar una mejor calidad de vida a la gente, pero hay que tener los recursos". Aunque en 1998 la discusión llegó al Congreso, casi diez años después aún no logró salir de él en forma de ley. Ni siquiera los planteos del ministro de Salud, Ginés González García, lograron destrabar alguno de los tantos proyectos que buscan facilitar los tratamientos. "No sé si la traba es de las obras sociales y de las prepagas. Lo que sí sé es que está cajoneado en la Comisión de Salud de Diputados", sostiene Juan Acuña Kunz, legislador radical por Santa Cruz y autor de una de las iniciativas. El diputado sostiene que desde el Ministerio de Salud no se impulsa la ley con la fuerza necesaria. "Hacen una cuenta que es 800.000 obesos mórbidos por $20.000 y dicen que el sistema de salud no puede pagar esas operaciones. Pero eso es una aberración porque aquí se sancionó la ley para hacer las ligaduras de trompas y las mujeres no fueron corriendo a operarse", se queja. A lo que se refiere Acuña Kunz es a los $20.000 que cuesta realizar un by pass gástrico, cirugía que crea en la parte superior del estómago una bolsa que restringe la ingesta de alimentos y que es utilizada para tratar la obesidad mórbida (más de 40 kilos de sobrepeso o un índice de masa corporal superior a 40). Si bien los tratamientos para la bulimia y la anorexia no serían tan costosos, estas patologías no están específicamente enumeradas en las normas que regulan las prestaciones obligatorias que se deben brindar. En la inmensa mayoría de los casos estas enfermedades son atendidas en forma parcial, aislada y no sistemática, limitándose a la atención por uno o más especialistas de los distintos síntomas o cuadros que presentan. El déficit en este caso pasa entonces por la necesidad de la articulación de un abordaje interdisciplinario especializado. "Es ridículo que no se trate la bulimia o la anorexia. No son trastornos ni tan graves ni tan masivos, y no hay duda de que son enfermedades", subraya Braguinsky, quien además, advierte: "Que la obesidad es un problema estético, es una gran mentira. El desafío es qué hacer con esta enfermedad que está en un proceso acelerado e imparable y ya se transformó en una pandemia". ALGUNOS CASOS, A LA JUSTICIA En marzo de 2006, Daniel Fernández, con 250 kilos, consiguió por vía judicial que su empresa de medicina prepaga le reconociera los gastos necesarios para poder realizarse la operación indicada por su médico. La resolución de ese conflicto se convirtió en un caso testigo para las personas con obesidad mórbida. |
| ALUBA Las charlas informativas que promueve la filial Bahía Blanca de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y Anorexia se cumplen los miércoles, desde las 14.30, en Brandsen 81. Mayores informes en el teléfono 451-8701. |
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Una mirada desde la psicología “Es el mundo de los lindos”, dice Tangona, y así resume una cultura en la que se confía en el físico para triunfar, la belleza siempre gana. Las más afectadas son las adolescentes “quienes quieren ganar el reconocimiento social y familiar, llenar un vacío de identidad intentando ser lo más parecidas posibles a los estereotipos de belleza”, opina la psicoanalista María Teresa Calabrese. El verano es el momento en el que la mayoría de las jóvenes pierde su virginidad, así el período de mayor liberalismo se vuelve a su vez el de mayor mortificación. “Se someten a una perfección imposible, fuera de la anatomía humana”, opina Krieger. Las dietas restrictivas constituyen uno de los principales factores desencadenantes de trastornos de la conducta alimentaria. “En esta época del año se produce una epidemia de anorexia”, dice Mabel Bello, presidenta de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia. Las consultas en ALUBA aumentan un 20%, “la mayoría, adolescentes que por la exaltación de un cuerpo irreal y la presión social de ser flacas ingresan en un corredor oscuro del que es difícil salir”. Los especialistas coinciden que para evitar los peligros de los métodos en pos de un cuerpo mejor es primordial la contención, tanto de los profesionales como de la familia. |
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INFORME DEL CONSEJO BRITANICO DE LA MODA SOBRE LA SALUD DE LAS CHICAS La muerte de tres modelos sudamericanas fue la gota que el año pasado rebasó el vaso sobre lo que era la débil normativa de la industria europea de la moda. A partir de mañana, las modelos de hasta 16 años no podrán menear sus escuálidas caderas por las pasarelas de la Semana de la Moda de Londres (London Fashion Week). Eso es lo que advierte el informe preliminar de la "Encuesta sobre la Salud de las Modelos Independientes" que coordina el Consejo Británico de la Moda. El objeto del estudio es concientizar a la industria de la moda sobre las condiciones en que trabajan las modelos, alumbrar sobre las graves consecuencias que los trastornos alimentarios producen en la salud y renovar las normas de los desfiles. El mismo informe adelanta que las modelos de 17 y 18 años deberán estar acompañadas por un adulto durante las "pasadas". Sin distinción de edad, además, ninguna modelo cuyo índice de masa corporal sea menor a 18,5 podrá subir su esquelética figura a las pasarelas británicas. Una medida que ya fue tomada por los italianos y los franceses durante la Semana de la Moda de Milán y de París (enero y febrero de 2007, respectivamente). Al igual que lo hicieron los españoles cuando en setiembre de 2006 rechazaron al 30 por ciento de las modelos de la Pasarela Cibeles, un encuentro de la moda de España de trascendencia mundial. El Consejo Británico de la Moda dispuso la elaboración de la Encuesta sobre la Salud de las Modelos en marzo de 2007 bajo la supervisión de un grupo de expertos, que preside la baronesa Denise Kingsmill. El panel estuvo integrado por diseñadores, productores, editores y educadores de la industria de la moda y médicos especializados en trastornos alimentarios. "Las modelos que tienen hasta 16 años son el grupo de mayor vulnerabilidad y corren el riesgo de que las sometan a explotación sexual infantil, por cuanto se les exige que representen a mujeres adultas", enfatiza el informe. También adelanta que de ahora en más el Consejo Británico de la Moda debería trabajar en conjunto con la Asociación de las Agencias de Modelos para desarrollar los requisitos básicos y estandarizar el modo en que deben elaborarse los "books" de las modelos. Algunas de las recomendaciones preliminares son: Las agencias deberán solicitar chequeos médicos que incluyan un diagnóstico sobre trastornos alimentarios a las modelos, antes de contratarlas. Así como chequeos médicos anuales. Contratos transparentes. La muerte de varias modelos tanto como las enfermedades crónicas que padecen aquellas que son anoréxicas o bulímicas -las deficiencias cardíacas, la osteoporosis y la infertilidad, entre muchas otras-, obligaron al mundo de la moda a mirarse a sí mismo con más severidad. Según el informe del Consejo Británico de la Moda, de las enfermedades mentales, los trastornos alimentarios son las que tienen la tasa de muerte más alta, por encima de la esquizofrenia o la depresión. "Durante la indagación, el panel de expertos fue sorprendido por los detalles que las modelos contaron sobre las condiciones en que trabajan y la falta de fiscalización y control del ambiente del modelaje, así como por la evidencia médica asociada al impacto de los desórdenes alimentarios que caracteriza a ciertas industrias", subraya el informe. Opiniones autorizadas "Hay mucha hipocresía en este tema. Una chica de 14 años no está preparada ni física ni psicológicamente para trabajar. En esta profesión hay presiones de horarios, de maquillaje, de ropa. Pero es lo que pide el mercado. El circuito internacional, especialmente Europa y Estados Unidos, piden chicas muy chicas y de medidas muy chicas. Por eso, insisto, hay una gran hipocresía en todo esto", dice a Clarín Ricardo Piñeyro. Su colega Ezequiel Ortiz, CEO de 121 Group, opina: "El mercado teen es muy importante, y por eso hay modelos chicas. La prioridad es que terminen el secundario, tratamos todo con los padres. Estas chicas no viajan, se las preserva para no quemarles etapas. Y hay que adaptarles su trabajo a su vida cotidiana". Antecedentes A fines de 2006, sólo en un mes murieron por anorexia tres chicas en Brasil: la modelo Ana Carolina Reston Macan (21), medía 1,74 metro y pesaba apenas 40 kilos; Carla Sobrado Casalle (22), también medía 1,74 metro y pesaba 55 kilos; y Rosana de Oliveira (23), de 38 kilos. En diciembre, otra joven de 23 años fue la cuarta víctima: Beatriz Cristina Ferraz Lopes pesaba 34 kilos y tuvo dos paros cardíacos. La Pasarela Cibeles de Madrid prohibió desfilar a modelos con peso menor al recomendado por los médicos. Lo mismo hizo la Cámara de la Moda de Milán y la Semana de la Moda San Pablo. El diseñador argentino Jorge Ibáñez tuvo una iniciativa polémica: les pidió a las 26 modelos que integraron su desfile de diciembre pasado que se pesaran y accedieran a una entrevista con especialistas en nutrición. "Quiero promover la salud y que las chicas estén en condiciones. Los diseñadores tenemos la responsabilidad de cuidar a las modelos", dijo Ibáñez, quien pidió colaboración a ALUBA, un centro de bulimia y anorexia. Aquí, una puntana de 21 años fue internada con 28 kilos. De a poco se recupera. |
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SALUD | EN COMPARACIÓN AL RESTO DEL CONURBANO El coordinador general de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), Marcelo Bregua , aseguró que estadísticamente el mayor porcentaje de población adolescente con trastornos alimentarios del conurnano se registra en la zona sur y por eso ALUBA cuenta con una sede en Banfield. “El mayor porcentaje de atención adolescente en Aluba provenía de zona sur y desde que se abrió la sede fue creciendo para una mejor atención porque nuestra estadística nos dio que existía mayor población consultante en zona sur que en el resto del conurbano bonaerense”, sostuvo Bregua. Además el psicólogo aseguró que hubo en el último año un incremento de hombres y niños de 3 o 4 años en adelante que sufren trastornos alimentarios y que la Argentina es el segundo país, después de Japón, con más casos. “Cuando comenzamos había un 5 por ciento de hombres en tratamiento y hoy se llegó al 13 por ciento. Esa es una cifra que preveíamos, pero al hombre le cuesta más consultar porque tiene el prejuicio de que es una enfermedad femenina”, señaló en diálogo con Info Región y agregó: “Lamentablemente también hay más trastornos de la conducta alimentaria en la infancia y ya desde los 3 o 4 años en adelante los estamos notando”. Aunque se desconocía que podía existir esta patología a tan temprana edad, se está notando que si no se trata y se considera un simple capricho en la alimentación de los niños, puede haber una dificultad en la maduración y en el crecimiento de la persona. En los adolescentes, según afirmó Bregua, la dificultad está en aceptar que está cambiando el cuerpo y esta patología afecta a personas “débiles” y “vulnerables”. Las estadísticas dicen que 1 de cada 25 adolescentes sufre algún desorden alimentario y que de ellas, el 10 por ciento padece bulimia y/o anorexia. Además, indican que la enfermedad “puede seguir aumentando”, estimó el coordinador general e Aluba a Info Región. “Nosotros damos charlas en colegios y entidades, pero sabemos que nuestro esfuerzo no alcanza. Hay un 50 por ciento de anorexia y un 50 de bulimia entre los adolescentes que concurren a Aluba, pero en la vida adulta hay mayor casos de bulimia, que pueden llegar a ser una consecuencia de la anorexia nerviosa. La enfermedad puede dejar secuelas como la osteopenia, osteoporosis, caída de cabello, pérdida de piezas dentales, entre otras cosas y eso puede llevar también a la muerte”, confirmó. El paciente anoréxico tiene una falta de conciencia de la enfermedad, un miedo intenso a la obesidad, distorsión del esquema corporal (se ven gordos a pesar de tener bajo peso), rechazo a mantener el peso en nivel normal, amenorrea, piel seca, hipotensión, hipotermia, corta los alimentos en trozos pequeños, come lentamente, masticado largo antes de tragar, prefiere porciones muy pequeñas, oculta la comida, consume anorexígenos, laxtantes o diuréticos, cuenta las calorías, hace rituales con la comida, tiene hiper actividad para bajar de peso, irritabilidad, aislamiento social, depresión en algunos casos, conductas obsesivas, extrema autoexigencia, rechazo a la sexualidad, atracones y usa ropa suelta. |
| El paciente bulímico tiene episodios recurrentes de voracidad, conciencia de que el patrón alimentario es anormal, sentimiento de no poder con la ingesta oscilaciones significativas de peso, deterioro de piezas dentarias en vomitadores, alternancia con ciclos restrictivos, conductas compensatorias como escupir, abuso de laxantes, abuso de líquidos para compensar el hambre o provocar el vómito, ayuno, hiper actividad, cortado de los alimentos en trozos grandes, ingesta rápidamente, apenas mastican o tragan sin masticar, preferencia por grandes porciones, abulia, engrosamiento glandular (parótida) en vomitadores, carácter irritable, sentimiento de culpa, comidas a escondidas, robo para comprar comidas, obsesión por la silueta y el peso, oscilación entre la autoexigencia y el abandono, oscilación entre la euforia y la depresión, abandono frecuente de todo emprendimiento. | ![]() En Aluba aseguraron que crecieron las consultas por problemas alimenticios. |
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Programa: Telenoche Informe: Campaña publicitaria en Italia |
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Programa: Habla que te escucho Entrevistado: Roberto Eguía (director médico ALUBA) Testimonio: José Alvarez (padre Coordinador) |
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Paraná- Entre Ríos “El culto al cuerpo y los trastornos alimentarios se reagudizan en la primavera”, afirma la coordinadora central de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), Alicia Bello, quien califica la situación actual como “preocupante”. Es que, según una encuesta realizada por esa entidad a 90 mil adolescentes argentinos, uno de cada diez sufre una patología alimentaria. Los índices de estos trastornos, en nuestro país, se ubican entre los más altos del mundo. En la delegación Paraná hay actualmente 85 pacientes; y la cantidad de consultas crece día a día en esta época del año. Mabel Bello, la fundadora de Aluba (hermana de Alicia), explica que “los problemas de comunicación y de relación están en la raíz de todos los trastornos alimentarios”. Y destaca que, entre los cambios culturales que favorecen esta situación, se encuentran “el creciente individualismo, los modelos estéticos que aparecen en los medios, el culto a lo efímero y la búsqueda del placer inmediato”. Alicia Bello, por su parte, indica que “las personas que padecen los trastornos, se sienten como si no tuvieran una identidad propia o lo suficientemente fuerte como para enfrentar la vida y, por su inestabilidad emocional, se encuentran a merced de sus propios impulsos, a los que no saben poner límites”. Según su descripción, “pese a mostrarse duros y fuertes, en realidad son sensibles y lábiles. Sus relaciones interpersonales y sus afectos pueden modificarse incluso varias veces al día, pasando del amor al odio, de la alegría a la tristeza, de la ingenuidad a la desconfianza. Esto los lleva a una sensación de inestabilidad y confusión, que los puede motivar a cometer, a veces, actos con graves consecuencias. Sus cambios suelen provocarles angustia y, si no se sienten comprendidos en tratamientos individuales o en centros de internación, realizan transgresiones al sistema para lograr su expulsión, iniciando nuevamente el circuito de su autodestrucción”. La coordinadora rescata que “hay que hacer concientización; la gente tiene que saber que esto no es una enfermedad de la comida, ni un capricho; esto es un trastorno emocional y debe ser tratado”. Para facilitar la detección precoz de los trastornos, los profesionales de Aluba elaboraron una guía con las características de quienes sufren anorexia o bulimia, y el perfil que suelen presentar. En líneas generales, las personas anoréxicas se caracterizan por la pérdida de peso, la distorsión de la imagen corporal (la persona se ve o se siente gorda a pesar de estar muy delgada), el miedo a engordar, la amenorrea (ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos), la obsesión por la comida, los ayunos, la toma de fármacos adelgazantes y la actividad física en exceso; en tanto que los individuos bulímicos se caracterizan por la presencia de atracones en los que la persona siente que pierde el control sobre la comida, luego la culpa por la ingesta y las conductas compensatorias inadecuadas (autoprovocación del vómito, abuso de laxantes y diuréticos). Según explica la psicóloga Vanesa Biberberg —integrante de Aluba Paraná— “es de suma importancia la detección precoz, porque se trata de enfermedades que conllevan un gran deterioro clínico y llevan a la muerte si no son tratadas tempranamente”. En este punto, Mabel Bello alerta que “hay que tener claro que estas patologías pueden ser mortales: hay chicas que llegan a resistir la sed porque creen que el agua engorda; y que tanto la anorexia como la bulimia son enfermedades con una alta tasa de suicidio”. Internet bajo la lupa Aluba alerta que “la presión social es tan grande que no hay reunión en la que no se toque el tema del ‘peso’, de los ‘kilitos de más’ o de ‘la dieta de moda’. Toda la población en general está preocupada por la figura; y el culto al cuerpo es el caldo de cultivo donde la enfermedad brota y se expande”. Este fenómeno de alabanza al cuerpo esbelto se ve con fuerza en Internet. Existen numerosos sitios, blogs (una suerte de diario personal publicado en Internet) y foros (lugares donde los internatutas pueden dialogar entre sí), muy visitados por la juventud, que promueven la bulimia y anorexia. La lucha contra estos sitios “pro-ana” (pro anorexia) o “pro-mia” (pro bulimia) se hace difícil, teniendo en cuenta que es inconmensurable la red y acelerado su ritmo de crecimiento. La psicóloga Vanesa Biberberg aclara que “se trata de una información que por sí sola, si la lee cualquier adolescente, no provoca nada; pero que es muy nociva si la lee alguien con vulnerabilidad en el tema”. Es que si una persona en la que se conjugan “la vulnerabilidad psicológica, la herencia genética y la presión social” lee esta clase de informaciones “va a pensar que a sus conductas las hace mucha gente; que lo que le pasa a ella no le pasa a ella sola; y sabemos que si algo tiene carácter masivo se hace más normal y se deja de ver como enfermedad”. PERFIL DEL PACIENTE CON BULIMIA PERFIL DEL PACIENTE CON ANOREXIA |
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Programa: La Aldea Entrevistado: Lic. Marcelo Bregua (coordinador general de ALUBA) Tema: Bulimia y Anorexia |
| INTERNET |
La anorexia duele en los ojos En los últimos días, la televisión hizo foco en la anorexia y la bulimia. El disparador fue la campaña de la marca de ropa “Nolita” que, en Italia, exhibió las fotografías de Isabelle Caro, una joven francesa, que pesa 31 kilos. El cuerpo descarnado de la muchacha, fotografiado por Oliverio Toscani con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre el peligro de la anorexia, te hace doler los ojos. Te aplasta el alma, igual que las imágenes de los niños desnutridos, en Biafra o en la provincia de Tucumán o dónde sea que esa injusticia ocurra. Pero en estos últimos casos, junto con el dolor viene la bronca contra un sistema de reparto de la riqueza que condena a una parte de la humanidad a morir literalmente de hambre. Y después de la bronca, viene el impulso solidario: no voy a componer este mundo maltrecho, pensás, pero me puedo unir con otros en la campaña de donaciones para que, por lo menos, estos chicos que me muestra la tele no mueran hoy. Con la anorexia es diferente. Tras la visión dolorosa de Isabelle Caro no aparece la bronca ni la campaña solidaria sino el vacío de la impotencia . No es por falta de comida que esa muchacha luce como un esqueleto. Su problema, como el de tantas otras que padecen la misma enfermedad, no se arregla con bolsones de alimentos. Y ni siquiera con un plan internacional de redistribución de la riqueza. En la Argentina, los programas televisivos dieron cuenta de la campaña italiana y, además, completaron los envíos con informes que incluyeron entrevistas a médicos, a personas afectadas por la anorexia, a sus familiares, y a los directivos de la Asociación de Lucha Contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA) . Se diría que la marca Nolita logró su cometido, porque al mirar la tele, uno volvió a tomar conciencia de lo compleja que es la batalla contra el canto de sirenas que llama a las muchachas a buscar la delgadez como sinónimo de belleza, y termina matándolas. Pero la tele, como la vida, es heterogénea y hasta contradictoria. En la tele, como en la vida, uno se cruza con invitaciones bienintencionadas y de las otras, con enseñanzas nobles y propuestas delirantes. En materia de alimentación, la pantalla nos bombardea con mensajes discordantes. De pronto, te encontrás con una médica en pie de guerra contra las ingestas hipercalóricas y los platos pura grasa y escasos minutos más tarde, en el mismo programa, te sale al cruce un chef con manjares de crema y miel. Dispuesto a no caer en la tentación, hacés zapping y aterrizás en el canal donde un seleccionado de siluetas prácticamente inmateriales te presenta la colección primavera-verano: un verdadero festival de diseño y textura para cuerpos de existencia improbable debajo de las pasarelas. A un solo golpe del control remoto, te salta al cuello un ejército de publicidades que de sólo mirarlas, te hacen agua la boca: chocolates insinuantes, papas fritas crujientes, vinos rojo pasión. A la vuelta de la tanda, el festival de la confusión: un nutricionista que sugiere comer de todo un poco, en raciones discretas y seis veces al día; otro que te promete resultados veloces al precio de bancarte unas cuantas semanas sin probar nada de lo que te apetece y resistiendo la insoportable levedad de no más de 600 calorías diarias; alguien trae la buena nueva de que el pan no engorda pero otro expone un plan de tolerancia cero a las harinas. Entre tinieblas, seguís surfeando la pantalla: aquí, te incitan a atornillarte a un aparato de gimnasia donde sudar la gota gorda agitando los brazos y moviendo las piernas; allí, te venden un dispositivo que activará los músculos por vos mientras mirás la tele o leés un libro, con parsimonia de rumiante en el sillón del living; dos canales después, te encandilan con las delicias del hedonismo gourmet; y un trecho más allá, la solución es magia: ungüentos que reducirán los centímetros de tus caderas con la precisión de los jíbaros; brebajes que devorarán tu grasa sin más esfuerzo que el de tu bolsillo; tisanas que pondrán a raya a tu glotonería. A esa altura, ya no sabés si beberte seis litros de agua sin respirar o inscribirte en un gimnasio que incluya la modalidad cama adentro o convertirte en sibarita sin más trámites. Entonces, viene el noticiero y te enfrentás de vuelta con los 31 kilos piel y hueso de la joven francesa. Y con los testimonios de muchachas argentinas que te relatan cómo es vivir en carne propia el infierno de la bulimia y la anorexia, un laberinto del que algunas logran salir y otras se topan con la muerte. Palabra más, palabra menos, todas dicen que al principio, sólo querían “estar flacas” o “perder unos kilos” o “verse bien”. Al escucharlas, maldecís la contradicción discursiva que lanza al mercado manjares cada vez más sofisticados mientras decreta el undécimo mandamiento: no engordarás. Una contradicción parida por la cultura contemporánea y reflejada por la TV. |
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